viernes, 14 de febrero de 2025

¿En qué consiste la nueva propuesta de modificación del objeto de la criminología?

 La nueva propuesta de modificación del objeto de estudio de la criminología surge en un contexto de transformación social, tecnológica y global que obliga a repensar los límites y alcances de esta disciplina. Durante siglos, la criminología se centró en el análisis del delito, el delincuente, la víctima y las respuestas formales del sistema penal, basándose en modelos heredados de la Escuela Clásica y la Positiva. Sin embargo, la complejidad de los fenómenos delictivos en la actualidad exige que la disciplina amplíe su campo de acción para incluir nuevas dimensiones que permitan explicar tanto las conductas delictivas en contextos tradicionales como aquellas que emergen en entornos contemporáneos.

 


En sus orígenes, la criminología se apoyó en principios que enfatizaban el libre albedrío y la proporcionalidad de las penas, postulando que el individuo actuaba de manera racional en función de la búsqueda del placer y la evitación del dolor. Las ideas de Beccaria y Bentham orientaron la disciplina hacia la formulación de castigos que sirvieran de disuasión, estableciendo un marco normativo en el que el delito se entendía como un acto claramente definido y mensurable.



Con la llegada del positivismo y la consolidación de la Escuela Positiva, el análisis se amplió para incluir factores biológicos, psicológicos y sociales, postulando que la criminalidad podía estar determinada por elementos inherentes al individuo o por su entorno. Esta ampliación del objeto de estudio supuso un avance en el entendimiento del delito, pero también limitó la visión a una dicotomía que separaba el comportamiento delictivo “real” del “ideal” o normativo.

Hoy, en un mundo caracterizado por la interconexión global y el avance imparable de la tecnología, resulta indispensable trascender los límites tradicionales. La emergencia de la ciberdelincuencia, la radicalización en entornos virtuales y la formación de redes transnacionales de criminalidad son fenómenos que no pueden ser capturados con las herramientas teóricas y metodológicas clásicas. En este sentido, la nueva propuesta se orienta hacia una comprensión holística del comportamiento antisocial, en la que se reconozca la existencia de un espectro amplio de conductas, algunas de las cuales no están necesariamente tipificadas como delito en la legislación vigente, pero que generan un impacto negativo en la cohesión social y en el bienestar de las comunidades.



Una de las innovaciones fundamentales en esta propuesta es la necesidad de distinguir entre el comportamiento antisocial en su dimensión objetiva y la percepción social del mismo. Las respuestas del Estado y de la sociedad ante conductas desviadas se fundamentan no solo en hechos comprobables, sino también en interpretaciones mediáticas, discursos políticos y estigmatizaciones que pueden amplificar o distorsionar la realidad. Así, la criminología se ve impulsada a analizar tanto la incidencia real de la criminalidad como la manera en que es construida socialmente, lo que permite dilucidar procesos de etiquetamiento y discriminación que pueden afectar a ciertos colectivos. La incorporación de esta doble perspectiva—la del hecho y la de su percepción—se traduce en una ampliación significativa del objeto de estudio y en una invitación a repensar las estrategias de prevención y control.

Otro aspecto central de esta renovación radica en la integración de la tecnología y las nuevas herramientas de análisis. El auge del big data y la inteligencia artificial han permitido el desarrollo de modelos predictivos que, a partir de grandes volúmenes de información, pueden identificar patrones de comportamiento y anticipar la ocurrencia de delitos. Esta capacidad analítica, que se suma a técnicas tradicionales, abre la posibilidad de intervenir de forma más oportuna y eficaz en la prevención del delito, aunque también plantea desafíos éticos en relación con la privacidad, la vigilancia masiva y el riesgo de sesgos discriminatorios en la toma de decisiones automatizadas. La tecnología, por tanto, no solo transforma los métodos de investigación, sino que también exige un replanteamiento del rol de la criminología como ciencia al servicio de la sociedad.

 


La dimensión globalizada de los fenómenos delictivos es otro factor que incide en la necesidad de modificar el objeto de estudio. Durante mucho tiempo, la criminología se centró en problemáticas locales o nacionales, sin atender adecuadamente a la interdependencia y a los flujos migratorios que hoy configuran escenarios complejos en los que el delito se transnacionaliza. La creciente interconexión de mercados, culturas y sistemas políticos implica que las soluciones y las políticas de prevención no pueden ser estandarizadas, sino que deben adaptarse a contextos variados y a realidades múltiples. En este sentido, la nueva propuesta invita a desarrollar estudios comparados y análisis interdisciplinarios que permitan comprender cómo se articulan las dinámicas delictivas a nivel global y cómo las respuestas institucionales pueden coordinarse entre distintos países y regiones.

Este proceso de revisión y ampliación del objeto de estudio de la criminología no representa un abandono de sus fundamentos teóricos tradicionales, sino una evolución que reconoce la complejidad inherente a los fenómenos de la desviación y la criminalidad. La revisión de conceptos clásicos—como el delictivo, el delincuente y la víctima—se enriquece al incorporar nuevas categorías que tienen en cuenta la vulnerabilidad digital, la criminalidad ecológica y la radicalización en el entorno virtual. Así, fenómenos como el “crimen verde” o la violencia estructural se integran en el análisis, permitiendo una visión más completa y precisa de los desafíos que enfrenta la sociedad contemporánea.

La transformación que se propone para la criminología implica, además, una responsabilidad ética y política que va más allá del mero análisis descriptivo. Se trata de una invitación a que la disciplina asuma un papel proactivo en la construcción de políticas públicas orientadas a la prevención y a la justicia restaurativa, en contraposición a modelos punitivistas que han mostrado sus limitaciones. La criminología, al redefinir su objeto de estudio, se convierte en una herramienta para promover la equidad, la inclusión y el respeto a los derechos humanos, consolidándose como una ciencia comprometida con el bienestar colectivo. En este sentido, el análisis del delito se concibe no solo como una forma de comprender la conducta desviada, sino también como un medio para intervenir de manera efectiva en las estructuras sociales que lo generan.

Es cierto que este proceso de ampliación del objeto de estudio genera tensiones y debates internos en la comunidad académica. Algunos críticos sostienen que, al incorporar tantas dimensiones, la criminología corre el riesgo de perder su identidad y de solaparse con otras disciplinas, como la sociología, la ciencia política o incluso la informática. Sin embargo, en un mundo en el que las fronteras entre disciplinas se han vuelto cada vez más permeables, la integración de diferentes perspectivas se revela como una fortaleza más que como una debilidad. La complejidad de los fenómenos delictivos demanda un enfoque multidisciplinario que permita abordar los múltiples factores que intervienen en la génesis y en la perpetuación de la criminalidad.

La nueva propuesta de modificación del objeto de estudio de la criminología constituye un avance necesario y urgente para adecuar la disciplina a los desafíos del siglo XXI. Al ampliar el espectro de análisis para incluir no solo el delito en su forma tradicional, sino también la percepción social del mismo, las dinámicas de control, la influencia de la tecnología y la interconexión global, la criminología se reposiciona como una herramienta integral para la comprensión y la prevención de la criminalidad. Este proceso de renovación teórica y metodológica no solo enriquece el debate académico, sino que también tiene implicaciones prácticas en el diseño de políticas públicas que promuevan sociedades más seguras, justas y equitativas. El desafío, por tanto, es lograr una síntesis que integre las contribuciones históricas de la disciplina con las demandas emergentes de un mundo en constante cambio, asumiendo la complejidad de los fenómenos delictivos y avanzando hacia una criminología verdaderamente contemporánea y comprometida con el bienestar social.

Márquez Cárdenas, Álvaro E. (2011). LA VICTIMOLOGÍA COMO ESTUDIO. REDESCUBRIMIENTO DE LA VÍCTIMA PARA EL PROCESO PENAL. Extraído de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=87619038003

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Acevedo, Mayra. (s.f.). LA POLÍTICA CRIMINAL CONTEMPORÁNEA Y LA PRÁCTICA PENITENCIARIA COSTARRICENSE. Extraído de: https://aprende.uned.ac.cr/pluginfile.php/298756/mod_resource/content/1/LA% 20POL%C3%8DTICA%20CRIMINAL%20CONTEMPOR%C3%81NEA.pdf

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