miércoles, 12 de febrero de 2025

Factores criminales endógenos y exógenos.

 factores internos y externos que favorecen el desarrollo de conductas criminales

La criminalidad es un fenómeno multifacético que ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas, desde la criminología hasta la sociología, la psicología y la biología. Comprender el desarrollo de conductas criminales requiere una mirada amplia que integre tanto factores internos (aquellos inherentes al individuo) como factores externos, derivados del entorno social y cultural. En este ensayo se analiza de forma crítica y concisa cómo estos elementos interactúan y se potencian mutuamente para favorecer el surgimiento de comportamientos delictivos, al tiempo que se subraya la necesidad de adoptar enfoques interdisciplinarios que eviten reduccionismos simplistas.

I. Introducción al Problema

El estudio de la criminalidad ha evolucionado a lo largo del tiempo. En sus inicios, teorías como la antropología criminal de César Lombroso intentaban explicar el delito mediante características biológicas y físicas del delincuente. Con el tiempo, la investigación se expandió para incluir factores psicosociales y contextuales, reconociendo que la conducta criminal no es producto de una sola causa, sino el resultado de la interacción compleja entre predisposiciones individuales y condiciones ambientales adversas. Este ensayo propone analizar los factores internos y externos que inciden en el desarrollo de conductas criminales, resaltando la necesidad de una visión holística que articule ambos aspectos en el marco de la criminología crítica.

II. Factores Internos: Predisposiciones del Individuo

Con factor endógeno, nos referimos a los factores internos, que provienen de la persona, como lo pueden ser las malformaciones, parecido a lo que Lombroso intentó explicar a su manera, pero estas malformaciones afectan directamente la mentalidad de la persona.

Algunos de estos factores endógenos se desarrollan den la etapa de gestación, mientras que otros se desarrollan a lo largo de la vida de la persona, de manera que hay personas que nacen con factores criminógenos endógenos, de los cuales no son culpables de tener, pero hay que tener en cuenta que nacer con algún factor endógeno criminógeno no hace a una persona necesariamente un criminal, así como no todas las personas adictas a sustancias como el alcohol son criminales, es una conducta desviada, mas no una criminal.

Zúñiga explica que los factores endógenos se pueden dividir en tres grandes categorías:

 

Biológicos y somáticos

Biológicos que alteran la psiquis

Mentales que alteran la psiquis

 

Fecundación

 

 

Físicos Mentales

 

Psiquiátricos

 

Gestación

 

 

Neurológicos

 

Psicoanalíticos

 

Desarrollo

 

 

Endocrinológicos

 

Psicológicos

 

Por lo tanto, las personas que nacen con este tipo de factores, son responsables de sus actos a futuro y de cómo controlan sus emociones para evitar cometer actos delictivos.

Cosas como el autocontrol, la ayuda psicológica y una buena educación pueden evitar que los factores criminógenos endógenos de una persona se conviertan en conductas criminales.

Los factores internos entonces se refieren a aquellas características propias del individuo que pueden predisponerlo a comportamientos delictivos. Entre ellos se destacan:

  1. Rasgos de Personalidad y Psicopatología
    Diversos estudios psicológicos han identificado rasgos de personalidad que pueden relacionarse con una mayor propensión a la delincuencia. Por ejemplo, la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la baja empatía y la dificultad para regular las emociones son características que, en ciertos contextos, favorecen la comisión de actos ilícitos. La presencia de trastornos de personalidad, como el trastorno antisocial, ha sido vinculada a conductas desviadas, aunque siempre es fundamental considerar la interacción con el entorno.
  2. Factores Neurobiológicos y Genéticos
    La investigación en neurociencia ha mostrado que determinadas disfunciones cerebrales—en áreas relacionadas con el control de impulsos y la toma de decisiones—pueden contribuir a la conducta criminal. Estudios sobre genética han intentado dilucidar si existe una predisposición hereditaria al comportamiento antisocial. Sin embargo, aunque algunos marcadores genéticos pueden incrementar el riesgo, la interpretación aislada de estos datos resulta reduccionista; es la interacción con factores ambientales la que determina en última instancia el desarrollo de la conducta delictiva.
  3. Procesos Cognitivos y de Socialización Temprana
    La formación de esquemas cognitivos en la infancia, vinculados a la percepción de normas y valores, incide directamente en la toma de decisiones en la edad adulta. Una socialización deficiente o basada en modelos de conducta agresivos puede predisponer a los individuos a interpretar situaciones de manera distorsionada, favoreciendo respuestas violentas o criminales ante estímulos adversos. En este sentido, la incapacidad para procesar y resolver conflictos de manera adaptativa se convierte en un factor de riesgo interno.

III. Factores Externos: Influencias del Entorno

Contrario a los factores endógenos, los factores exógenos no provienen del sujeto en cuestión, sino del exterior, del entorno. La mala educación, una crianza conflictiva y el bullying son factores externos que contribuyen a un resultado delictivo.

Si bien los factores internos establecen la base sobre la cual se pueden manifestar conductas desviadas, el entorno social, cultural y económico desempeña un papel decisivo en la activación o inhibición de dichas predisposiciones. Entre los factores externos se destacan:

  1. Entorno Familiar y Educación
    La familia es el primer agente socializador del individuo. Un ambiente familiar caracterizado por la violencia, la falta de afecto, la negligencia o la ausencia de figuras parentales estables puede debilitar la capacidad de regulación emocional y fomentar actitudes antisociales. Además, la educación formal e informal es crucial para la internalización de normas y valores. La carencia de oportunidades educativas o la existencia de un sistema educativo deficiente pueden limitar el desarrollo de habilidades sociales y de resolución de conflictos, incrementando la vulnerabilidad ante conductas criminales.
  2. Contexto Socioeconómico y Desigualdad
    La pobreza, la marginación y la exclusión social son factores externos que han sido históricamente vinculados a la criminalidad. Las sociedades con altos índices de desigualdad generan un ambiente de frustración y resentimiento, en el que el acceso limitado a recursos básicos y a oportunidades de desarrollo propicia la adopción de conductas ilícitas como medio para subsistir o rebelarse contra un sistema percibido como injusto. Además, la concentración de poder económico y político puede traducirse en políticas punitivas y discriminatorias que perpetúan el ciclo de exclusión y criminalización.
  3. Influencias del Entorno Comunitario y Vecinal
    La estructura y cohesión de la comunidad también influyen en el comportamiento de sus miembros. Las zonas urbanas con alta densidad poblacional, escasos servicios públicos y ausencia de espacios de recreación suelen presentar mayores índices de delincuencia. En este contexto, la falta de integración social, el deterioro de los lazos comunitarios y la debilidad de las redes de apoyo contribuyen a un clima de inseguridad y a la proliferación de conductas desviadas. La teoría de la desorganización social, por ejemplo, sostiene que la debilidad de las instituciones comunitarias y la pérdida de cohesión generan un ambiente propicio para la criminalidad.
  4. Influencia de los Medios y de la Cultura de la Violencia
    La representación de la violencia en los medios de comunicación y la normalización de conductas agresivas en ciertos contextos culturales pueden incidir en la percepción que tienen los individuos sobre la resolución de conflictos. La exposición constante a imágenes violentas y la glorificación de ciertos comportamientos delictivos pueden actuar como modelos a imitar, especialmente en jóvenes que buscan identificarse con figuras mediáticas o contraculturales.

IV. La Interacción Entre Factores Internos y Externos

Una visión reduccionista que intente explicar la criminalidad a partir de factores internos o externos de forma aislada resulta insuficiente para comprender la complejidad del fenómeno. La mayoría de los expertos en criminología concuerda en que es la interacción dinámica entre predisposiciones individuales y condiciones ambientales la que determina la conducta criminal. Por ejemplo, un individuo con ciertas vulnerabilidades psicológicas o neurobiológicas no necesariamente se convertirá en delincuente si se encuentra inmerso en un entorno de apoyo social, educativo y familiar robusto. Del mismo modo, un entorno adverso puede desencadenar conductas criminales en personas sin antecedentes o predisposiciones evidentes, evidenciando la importancia de los procesos de socialización y del contexto estructural.

Esta interacción se ejemplifica en la teoría del "ciclo de criminalización", en la que la respuesta social—mediante políticas punitivas, estigmatización y marginalización—puede reforzar las conductas desviadas, generando un círculo vicioso en el que el individuo se ve cada vez más atrapado en el sistema penal. Las prácticas de etiquetamiento o "labeling" han demostrado que la designación social de “delincuente” no sólo refleja un hecho sino que lo produce, al limitar las posibilidades de reintegración y favorecer la exclusión social.

V. Conclusión

El desarrollo de conductas criminales es el resultado de un entramado complejo en el que se entrelazan factores internos—como predisposiciones biológicas, rasgos de personalidad y procesos cognitivos—con influencias externas derivadas del entorno familiar, comunitario y social. Esta interacción dinámica demanda una aproximación interdisciplinaria que vaya más allá de explicaciones reduccionistas y que reconozca la importancia de integrar tanto la prevención como la rehabilitación en el diseño de políticas públicas.

La criminología nos invita a cuestionar paradigmas tradicionales y a replantear el uso del derecho penal, enfatizando la necesidad de políticas inclusivas y de una justicia que, en lugar de castigar, busque reparar y transformar.

Este análisis crítico subraya que el camino hacia la reducción de la criminalidad pasa por la integración de conocimientos y por el compromiso con la transformación de estructuras sociales injustas. La tarea de desentrañar las raíces del fenómeno delictivo es compleja y exige un debate constante entre teóricos, profesionales y responsables políticos, en pro de una sociedad en la que la justicia y la equidad sean valores fundamentales.

Bibliografía

Zúñiga López, R. Fundamentos de criminología, San José: EUNED

Carrión, José. (2018). Delito y la Pena. Recuperado de: https://www.derechoecuador.com/delito-y-la-pena

Freixa i Baqué, Esteve (2003). ¿Qué es conducta?. Diario internacional de la psicología clínica y de la salud, 3(3),595-613. [fecha de Consulta 28 de Julio de 2021]. ISSN: 1697-2600. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=33730310

García Vega, Luis, & García Vega Redondo, Laura (2005). Conducta y conciencia. Origen histórico de dos alternativas contrapuestas en los comienzos de la psicología científica. Universitas Psychologica, 4(3),385-391. [fecha de Consulta 28 de Julio de 2021]. ISSN: 1657-9267. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=64740312

Rodríguez Manzanera, L. (1981). Criminología, México: Porrúa S.A.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La función de la criminología.

La criminología, entendida como una ciencia social en constante evolución, debe asumir una función que trascienda la mera investigación de d...