factores internos y externos que favorecen el desarrollo de conductas criminales
La
criminalidad es un fenómeno multifacético que ha sido objeto de estudio en
diversas disciplinas, desde la criminología hasta la sociología, la psicología
y la biología. Comprender el desarrollo de conductas criminales requiere una
mirada amplia que integre tanto factores internos (aquellos inherentes al
individuo) como factores externos, derivados del entorno social y cultural. En
este ensayo se analiza de forma crítica y concisa cómo estos elementos
interactúan y se potencian mutuamente para favorecer el surgimiento de
comportamientos delictivos, al tiempo que se subraya la necesidad de adoptar
enfoques interdisciplinarios que eviten reduccionismos simplistas.
I.
Introducción al Problema
El
estudio de la criminalidad ha evolucionado a lo largo del tiempo. En sus
inicios, teorías como la antropología criminal de César Lombroso intentaban
explicar el delito mediante características biológicas y físicas del
delincuente. Con el tiempo, la investigación se expandió para incluir factores
psicosociales y contextuales, reconociendo que la conducta criminal no es
producto de una sola causa, sino el resultado de la interacción compleja entre
predisposiciones individuales y condiciones ambientales adversas. Este ensayo
propone analizar los factores internos y externos que inciden en el desarrollo
de conductas criminales, resaltando la necesidad de una visión holística que
articule ambos aspectos en el marco de la criminología crítica.
II.
Factores Internos: Predisposiciones del Individuo
Con
factor endógeno, nos referimos a los factores internos, que provienen de la
persona, como lo pueden ser las malformaciones, parecido a lo que Lombroso intentó
explicar a su manera, pero estas malformaciones afectan directamente la
mentalidad de la persona.
Algunos
de estos factores endógenos se desarrollan den la etapa de gestación, mientras
que otros se desarrollan a lo largo de la vida de la persona, de manera que hay
personas que nacen con factores criminógenos endógenos, de los cuales no son
culpables de tener, pero hay que tener en cuenta que nacer con algún factor
endógeno criminógeno no hace a una persona necesariamente un criminal, así como
no todas las personas adictas a sustancias como el alcohol son criminales, es
una conducta desviada, mas no una criminal.
Zúñiga explica que
los factores endógenos se pueden dividir en tres grandes categorías:
|
Biológicos y somáticos |
Biológicos que alteran la psiquis |
Mentales que alteran la psiquis |
|
Fecundación
|
Físicos Mentales |
Psiquiátricos |
|
Gestación
|
Neurológicos |
Psicoanalíticos |
|
Desarrollo
|
Endocrinológicos |
Psicológicos |
Por
lo tanto, las personas que nacen con este tipo de factores, son responsables de
sus actos a futuro y de cómo controlan sus emociones para evitar cometer actos
delictivos.
Cosas
como el autocontrol, la ayuda psicológica y una buena educación pueden evitar
que los factores criminógenos endógenos de una persona se conviertan en
conductas criminales.
Los
factores internos entonces se refieren a aquellas características propias del
individuo que pueden predisponerlo a comportamientos delictivos. Entre ellos se
destacan:
- Rasgos
de Personalidad y Psicopatología
Diversos estudios psicológicos han identificado rasgos de personalidad que pueden relacionarse con una mayor propensión a la delincuencia. Por ejemplo, la impulsividad, la búsqueda de sensaciones, la baja empatía y la dificultad para regular las emociones son características que, en ciertos contextos, favorecen la comisión de actos ilícitos. La presencia de trastornos de personalidad, como el trastorno antisocial, ha sido vinculada a conductas desviadas, aunque siempre es fundamental considerar la interacción con el entorno. - Factores
Neurobiológicos y Genéticos
La investigación en neurociencia ha mostrado que determinadas disfunciones cerebrales—en áreas relacionadas con el control de impulsos y la toma de decisiones—pueden contribuir a la conducta criminal. Estudios sobre genética han intentado dilucidar si existe una predisposición hereditaria al comportamiento antisocial. Sin embargo, aunque algunos marcadores genéticos pueden incrementar el riesgo, la interpretación aislada de estos datos resulta reduccionista; es la interacción con factores ambientales la que determina en última instancia el desarrollo de la conducta delictiva. - Procesos
Cognitivos y de Socialización Temprana
La formación de esquemas cognitivos en la infancia, vinculados a la percepción de normas y valores, incide directamente en la toma de decisiones en la edad adulta. Una socialización deficiente o basada en modelos de conducta agresivos puede predisponer a los individuos a interpretar situaciones de manera distorsionada, favoreciendo respuestas violentas o criminales ante estímulos adversos. En este sentido, la incapacidad para procesar y resolver conflictos de manera adaptativa se convierte en un factor de riesgo interno.
III.
Factores Externos: Influencias del Entorno
Contrario
a los factores endógenos, los factores exógenos no provienen del sujeto en
cuestión, sino del exterior, del entorno. La mala educación, una crianza
conflictiva y el bullying son factores externos que contribuyen a un resultado
delictivo.
Si
bien los factores internos establecen la base sobre la cual se pueden
manifestar conductas desviadas, el entorno social, cultural y económico
desempeña un papel decisivo en la activación o inhibición de dichas
predisposiciones. Entre los factores externos se destacan:
- Entorno
Familiar y Educación
La familia es el primer agente socializador del individuo. Un ambiente familiar caracterizado por la violencia, la falta de afecto, la negligencia o la ausencia de figuras parentales estables puede debilitar la capacidad de regulación emocional y fomentar actitudes antisociales. Además, la educación formal e informal es crucial para la internalización de normas y valores. La carencia de oportunidades educativas o la existencia de un sistema educativo deficiente pueden limitar el desarrollo de habilidades sociales y de resolución de conflictos, incrementando la vulnerabilidad ante conductas criminales. - Contexto
Socioeconómico y Desigualdad
La pobreza, la marginación y la exclusión social son factores externos que han sido históricamente vinculados a la criminalidad. Las sociedades con altos índices de desigualdad generan un ambiente de frustración y resentimiento, en el que el acceso limitado a recursos básicos y a oportunidades de desarrollo propicia la adopción de conductas ilícitas como medio para subsistir o rebelarse contra un sistema percibido como injusto. Además, la concentración de poder económico y político puede traducirse en políticas punitivas y discriminatorias que perpetúan el ciclo de exclusión y criminalización. - Influencias
del Entorno Comunitario y Vecinal
La estructura y cohesión de la comunidad también influyen en el comportamiento de sus miembros. Las zonas urbanas con alta densidad poblacional, escasos servicios públicos y ausencia de espacios de recreación suelen presentar mayores índices de delincuencia. En este contexto, la falta de integración social, el deterioro de los lazos comunitarios y la debilidad de las redes de apoyo contribuyen a un clima de inseguridad y a la proliferación de conductas desviadas. La teoría de la desorganización social, por ejemplo, sostiene que la debilidad de las instituciones comunitarias y la pérdida de cohesión generan un ambiente propicio para la criminalidad. - Influencia
de los Medios y de la Cultura de la Violencia
La representación de la violencia en los medios de comunicación y la normalización de conductas agresivas en ciertos contextos culturales pueden incidir en la percepción que tienen los individuos sobre la resolución de conflictos. La exposición constante a imágenes violentas y la glorificación de ciertos comportamientos delictivos pueden actuar como modelos a imitar, especialmente en jóvenes que buscan identificarse con figuras mediáticas o contraculturales.
IV.
La Interacción Entre Factores Internos y Externos
Una
visión reduccionista que intente explicar la criminalidad a partir de factores
internos o externos de forma aislada resulta insuficiente para comprender la
complejidad del fenómeno. La mayoría de los expertos en criminología concuerda
en que es la interacción dinámica entre predisposiciones individuales y
condiciones ambientales la que determina la conducta criminal. Por ejemplo, un
individuo con ciertas vulnerabilidades psicológicas o neurobiológicas no
necesariamente se convertirá en delincuente si se encuentra inmerso en un
entorno de apoyo social, educativo y familiar robusto. Del mismo modo, un
entorno adverso puede desencadenar conductas criminales en personas sin
antecedentes o predisposiciones evidentes, evidenciando la importancia de los
procesos de socialización y del contexto estructural.
Esta
interacción se ejemplifica en la teoría del "ciclo de
criminalización", en la que la respuesta social—mediante políticas
punitivas, estigmatización y marginalización—puede reforzar las conductas
desviadas, generando un círculo vicioso en el que el individuo se ve cada vez más
atrapado en el sistema penal. Las prácticas de etiquetamiento o
"labeling" han demostrado que la designación social de “delincuente”
no sólo refleja un hecho sino que lo produce, al limitar las posibilidades de
reintegración y favorecer la exclusión social.
V.
Conclusión
El
desarrollo de conductas criminales es el resultado de un entramado complejo en
el que se entrelazan factores internos—como predisposiciones biológicas, rasgos
de personalidad y procesos cognitivos—con influencias externas derivadas del
entorno familiar, comunitario y social. Esta interacción dinámica demanda una
aproximación interdisciplinaria que vaya más allá de explicaciones
reduccionistas y que reconozca la importancia de integrar tanto la prevención
como la rehabilitación en el diseño de políticas públicas.
La
criminología nos invita a cuestionar paradigmas tradicionales y a replantear el
uso del derecho penal, enfatizando la necesidad de políticas inclusivas y de
una justicia que, en lugar de castigar, busque reparar y transformar.
Este
análisis crítico subraya que el camino hacia la reducción de la criminalidad
pasa por la integración de conocimientos y por el compromiso con la
transformación de estructuras sociales injustas. La tarea de desentrañar las
raíces del fenómeno delictivo es compleja y exige un debate constante entre
teóricos, profesionales y responsables políticos, en pro de una sociedad en la
que la justicia y la equidad sean valores fundamentales.
Bibliografía
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